Nos preocupó especialmente la situación de aquellos médicos y médicas que habían quedado aislados por el autoconfinamiento. Temíamos que esta situación, sumado al estrés laboral, pudiera conducir a conductas suicidas. Por esto fuimos más proactivos en los seguimientos, especialmente a partir de comunicaciones confidenciales de compañeros de trabajo de los colegas en riesgo.











