La necesidad, ya ineludible tras lo acontecido en el último año, de replantear el contrato social que existe entre los profesionales de la salud y la sociedad.
La necesidad, ya ineludible tras lo acontecido en el último año, de replantear el contrato social que existe entre los profesionales de la salud y la sociedad.
En un reciente post presentábamos los principales hallazgos del estudio llevado a cabo por la Fundación Galatea, merced a un convenio de colaboración con IESE, la Fundación Institut d’Economia Barcelona y el Colegio de Médicos de Barcelona (CoMB), sobre el impacto de la COVID-19 en profesionales de la salud de Cataluña. Este estudio se ha ampliado a los médicos del resto de España, gracias al patrocinio de la Fundación Protección Social de la Organización Médica Colegial (OMC) y a Mutual Médica. Nos centramos, entonces, en los resultados de los médicos y médicas de Cataluña.
En el taller semanal sobre hábitos saludables que dirige enfermería con los pacientes ingresados en la Clínica Galatea, se ha detectado que estos, aun siendo profesionales de la salud, desconocen aspectos muy importantes sobre la relación entre una dieta equilibrada y la salud mental. De hecho, aunque el cerebro representa solo el 2-3 % del peso corporal, es responsable del 20 % de la energía que gastamos a diario.
Un grupo de trabajo de la Fundación Galatea ha elaborado una serie de recomendaciones para los profesionales de la salud una vez ha pasado el Estado de Alarma y hacemos frente a unas circunstancias nuevas tanto en el ámbito laboral como personal. Durante la fase aguda de la pandemia por COVID-19 hemos vivido situaciones muy difíciles emocionalmente que quizás no hemos sido capaces de elaborar. En poco tiempo nos hemos tenido que adaptar a nuevos contextos en un entorno de amenaza a la supervivencia e incertidumbre.
La puesta en común de diferentes experiencias a nivel internacional en el cuidado a los profesionales de la salud resulta ineludible a la hora de enriquecer nuestro modelo de atención a este colectivo de riesgo en una situación como la pandemia actual.
Respecto al personal del hospital, hemos observado cuadros de ansiedad y depresivos de tipo adaptativo. Muchas situaciones están relacionadas con las nuevas tareas que han tenido que asumir por la situación actual, como estar en la UCI o en áreas asistenciales ajenas a su especialización.
El reconocimiento no se debe limitar a los aplausos o las palabras amables, sino que deben seguirse de acciones concretas que palien la falta de recursos de la sanidad y la investigación, un mal que lleva años cronificándose y que debería comenzar a revertirse.
El hospital Ramón y Cajal, que cuenta habitualmente con un total de 902 camas, ha presentado una importante demanda de pacientes COVID desde la explosión de la epidemia. Rápidamente, se remodelaron los servicios y se convirtió casi en un hospital monográfico COVID. Así, a 30 de marzo, había en el hospital 927 ingresados por COVID (confirmados y posibles) de los que 103 estaban en la UVI. La presión asistencial en urgencias era altísima. El día que contesto esta entrevista (14 de abril de 2020) tenemos aún 504 ingresados por COVID (confirmados y posibles), de los que 74 están en la UVI, y han fallecido por este motivo 402 personas.
EMDR (del inglés “Eye Movement Desensibilization and Reprocessing”) es una terapia orientada al trauma, respaldada por la evidencia científica y que está recogida, en la mayor parte de las guías clínicas, como uno de los tratamientos de elección para el trastorno por estrés postraumático.
El Mindfulness aumenta el bienestar psicológico y la satisfacción con el trabajo, disminuye el estrés laboral y aumenta la satisfacción de los pacientes. La compasión previene el quemado profesional, porque permite ser empático sin cargar con el sufrimiento de nuestros pacientes. La combinación de ambas técnicas es ideal para profesionales de la salud.

Ubicada en Barcelona, es el centro de desintoxicación y tratamiento de adiciones y trastornos mentales especializado en médicos y profesionales sanitarios.