Una invitación a cuidarte desde otro lugar
La salud mental de los profesionales sanitarios es, en muchos sentidos, una “herida invisible”. Cuando los que están acostumbrados a cuidar necesitan ser cuidados, surgen dificultades particulares entorno a asumir el rol de paciente en contraste con su identidad como profesionales de la salud. Esta percepción puede pasar no solo por ellos mismos sino por el propio entorno. Por ello, durante el proceso de recuperación, más allá de la estabilización clínica, hay que hacer un proceso mediante el cual se produce un reajuste en los roles y en las relaciones significativas, en aras de recuperar el sentido de pertenencia. El abordaje psicoterapéutico basado en la mentalización es un facilitador esencial en ese proceso de cambio. A veces en entornos individuales, pero también en espacios grupales.
La Terapia Basada en la Mentalización (MBT), ofrece una perspectiva clínica centrada en recuperar esa capacidad de pensar(se) y de pensar (al otro) con curiosidad, tolerancia e integración, incluso en medio del dolor emocional. La mentalización puede definirse como “la capacidad de reflexionar sobre nuestros propios estados mentales y los de los demás, especialmente en situaciones interpersonales complejas”. Esta capacidad puede verse comprometida durante el malestar psicológico agudo, los estados de agotamiento, las crisis de identidad o el trauma relacional —todas ellas, experiencias frecuentes en el contexto sanitario actual.
Los objetivos fundamentales de este tipo de intervenciones basadas en mentalización en espacios grupales son:
- Promover la estabilización clínica y favorecer la recuperación funcional y emocional.
- “Desindividualizar” el sufrimiento: comprender el malestar no como un fallo individual, sino como una experiencia humana y relacional (experiencia de humanidad compartida). Esto cobra otra dimensión al pensarlo en el sanitario, una figura que a veces parece que no puede enfermar, estar vulnerable o pedir ayuda.
- Acompañar en el proceso de reinserción laboral o vital, respetando los tiempos y límites personales.
- Fomentar la mentalización intra e interpersonal como herramienta de autorregulación y apoyo mutuo.
A nivel grupal, se ponen de manifiesto, vivencialmente y a través del diálogo con otros, algunos de los principios fundamentales del MBT:
- La mente del otro es opaca: no asumimos saber que piensa o siente el otro, preguntamos desde una actitud curiosa.
- Nuestra propia mente no es certera: incluso en nosotros mismos, puede haber duda respecto a nuestros estados mentales, siendo necesario poner el foco en ellos para diferenciarlos y etiquetarlos, apartándonos de la rigidez de principios que no tienen por qué ser inamovibles.
- Poner el foco en los estados mentales: Todo comportamiento tiene sentido en un contexto mental, aunque no lo comprendamos de inmediato. En la mentalización se invita a aproximarse a ellos (los propios y los ajenos) desde la curiosidad (no podemos asumir lo que hay en la mente del otro) y sin emitir juicio alguno (si valoramos el estado mental del otro, lo invalidamos).
- Validar y elaborar la emoción: El contacto con las emociones desde el no juicio nos permite darles espacio y también saber qué nos quieren transmitir dichas emociones y qué información nos dan.
- Volver al presente interpersonal: cuando las emociones nos desbordan, no podemos afrontar adecuadamente la relación con el otro aquí y ahora. Calmar la mente en estas situaciones nos permite ver con claridad lo que está sucediendo en el presente.
- El grupo no está para dar soluciones, sino para pensar(se) en conjunto, promoviendo la respuesta reflexiva frente a la mera reacción emocional inmediata (o acting).
- Perspectivas alternativas: El grupo puede ayudar a los participantes encontrar otras perspectivas y distintas interpretaciones que permitan flexibilizar nuestra mirada sobre lo que nos sucede.
- Pedir ayuda no es signo de debilidad: en el espacio grupal se acaba reconfigurando nuestra relación con la vulnerabilidad, desde una vivencia reflexiva compartida que revisa los prejuicios y emociones automáticas que esto nos activa.
En el caso concreto de los profesionales de la salud, su foco suele estar centrado en el cuidado del otro. Esto puede propiciar una resignificación de ese cuidado, valorando nuestras posturas de manera más flexible y pudiendo entrar en contacto con las propias emociones, pensamientos o deseos. Validar y dar espacio a los sentimientos de vulnerabilidad, de impotencia o de necesidad de cuidado en los profesionales de la salud, cuando están acostumbrados al rol de cuidador o a tener el control, puede permitir la reconsideración del hecho de pedir ayuda no como un fallo sino como una nueva manera de regularse. En ocasiones, en estos espacios se revisan algunas acciones “reactivas” de cuidado, automatismos que nacen de una concepción propia del cuidado en lugar de dar lugar al otro a expresar lo que sea que siente o necesite, y poder integrar esto en nuestro día a día.
Es muy interesante poder trabajar en la consideración del otro diferenciando cuáles son mis estados mentales y cuáles los del otro, algo fundamental en las relaciones con sus propios pacientes, además de los límites que ello implica. Así, este abordaje más reflexivo y atento puede ayudar a no caer en actitudes de omnipotencia o de nihilismo. El poder del diálogo con otros usando los principios de mentalización permite valorar conjuntamente ideas sostenidas, dadas por “normales”, como son el miedo a la insuficiencia (“si me equivoco soy un fracaso como profesional”), la elevada autoexigencia (“tengo que hacerlo todo perfecto”) o la sobreidentificación profesional (“si estoy de baja no tengo valor”), con la finalidad de encontrar perspectivas alternativas más realistas y acordes con nuestros propios límites y los ajenos. Poder explorar y hacer consciente la visión que los profesionales de la salud tienen de sí mismos, así como la que deposita en ellos su entorno, puede serles de ayuda a la hora de ir logrando una identidad más integrada, menos rígida y más humanizada, tanto dentro como fuera de su entorno de trabajo.
Por todo ello, la mentalización no es solo una técnica más: es una forma de estar en el mundo, con uno mismo y con los demás. Se trata de tolerar la ambigüedad emocional sin buscar respuestas cerradas ni categóricas, comprendiendo cómo mi forma de estar y verme me afecta a mí, pero también a los demás —y viceversa—, evitar saltar a conclusiones sobre los otros o sobre mí desde la angustia, y recuperar el uso compartido de la mente para pensar el dolor, en lugar de actuarlo o negarlo. A veces, solo necesitamos un espacio donde podamos pensar juntos sin juicios, sentir sin colapsar y construir soluciones posibles sin tener todas las respuestas.
Cristina Borrull, psicóloga; y Eudald Castell, psicólogo








