La ansiedad anticipatoria es la sensación de alerta que aparece cuando nuestra conciencia está volcada al futuro. En realidad, se trata de una respuesta de malestar ante la incapacidad de poder controlar lo que sucederá. Se manifiesta en todas las dimensiones del ser humano (corporal, mental y espiritual) y se asocia a la necesidad de dominar lo indisponible del porvenir, lo que acaba generando inquietud o ansiedad, por cuanto creemos que eso, que no sabemos si ocurrirá o no, puede comprometer nuestra existencia.
La ansiedad anticipatoria puede desencadenarse en situaciones de indefensión de los sujetos, cuando su supervivencia está amenazada. Pero, paradójicamente, también se acentúa en contextos socioculturales donde los sujetos aspiran, inconscientemente, a tener controladas todas las variables involucradas en su vida. Como esto, aun teniendo todas las comodidades satisfechas, no puede garantizarse, la anticipación ansiosa acaba por malograr el presente y, además, impide afrontar el futuro de manera lúcida.
Como en cualquier respuesta del ámbito del estrés, ante situaciones novedosas o de mayor incertidumbre, lo habitual es que se active el sistema de alerta. En este caso, cumple una función adaptativa. No obstante, puede suceder que este patrón de alerta permanezca activado más allá de lo necesario. Bien porque nos exigimos controlar cualquier eventualidad, bien por elevado perfeccionismo, bien por la aceleración propia de nuestro día a día, que nos impide detenernos a considerar qué depende y qué no de nosotros y qué podemos y no podemos hacer (o dejar de hacer) al respecto
Para aprender a regular esa ansiedad perpetuada e inmotivada, es preciso aprender a regular las emociones. Esto sólo se consigue si nos paramos, al menos una vez al día, a contemplar cómo estamos. Esto incluye nuestros estados corporales, las emociones y los pensamientos que ocupan nuestra conciencia. Si estamos muy turbados, puede ayudarnos centrar la atención en la respiración o bien aplicar técnicas de relajación. De ese modo, se calma la mente (a través de la relajación del cuerpo) y esto nos permite ir reconfigurando esos patrones automáticos anticipatorios que nos impiden ver con claridad en nuestro día a día.








