La teoría del apego
La teoría del apego, propuesta por John Bowlby (1969-1980), hace referencia al vínculo afectivo de carácter innato establecido entre el niño y su cuidador. El apego no solo cumple una función evolutiva básica de cara asegurar la supervivencia, sino que resulta la base del desarrollo afectivo. Persigue brindar seguridad al niño y se caracteriza, en lo conductual, por oscilar entre la exploración activa del entorno y el regreso al cuidador ante una amenaza percibida buscando, en esas circunstancias, obtener seguridad y consuelo. El apego conforma la base sobre la que el humano aprenderá a relacionarse con los demás, a autorregularse y a desarrollar su capacidad de mentalización (de sí mismo y del otro), afectando, por tanto, a sus futuras maneras de sentir, pensar y actuar entre otros aspectos.
Apego en la infancia
En base a los pioneros trabajos de Ainsworth et al. (1978) se han descrito cuatro tipos de apego básicos en la infancia, según las conductas que se observaron en relación con sus cuidadores. Estos cuatro tipos se describieron como apego seguro vs inseguro, diferenciándose este segundo en evitativo, ambivalente y desorganizado. Los primeros desarrollan estrategias de apego primarias o seguras (buscar la figura de apego y usarla como base segura) y los segundos suelen desarrollar estrategias secundarias o inseguras (de hipoactivación, hiperactivación o desorganización según el tipo de conductas observadas) (Main, 1990).
1. Apego seguro en la infancia
La primera categoría es el apego seguro; son niños capaces de manera consistente de explorar el entorno desde la seguridad percibida y de buscar consuelo en el vínculo ante una amenaza potencial. Si bien pueden angustiarse moderadamente al separarse de su cuidador, se tranquilizan rápidamente en el reencuentro y pueden volver a jugar rápido. Se sienten cómodos ante la cercanía del otro y la intimidad, confiando en que si manifiestan unas necesidades estas serán cubiertas. Sus cuidadores, en este caso, se caracterizan por estar atentos y receptivos a sus señales y necesidades. Se produce un acercamiento y un consuelo cuando el bebé llora (mostrando una elevada sensibilidad, aceptación y disponibilidad emocional) que no se prolongaban más de lo necesario ni se forzaban (no llegando a la invasión o la sobreprotección).
2. Apego inseguro en la infancia
. Apego ambivalente o ansioso en la infancia
En los niños con un apego ambivalente/ansioso se observan dos tipos de respuestas en el reencuentro con la madre: los enfadados, que pasan de la apertura activa al rechazo de la madre, y los pasivos, que parecen indefensos y superados por la situación pese al reencuentro. El denominador común es la elevada angustia que genera la separación, pues no logra ser consolada incluso después del reencuentro, como si, aún en presencia de la madre, ellos siguieran buscando “una madre que no estaba”. Este funcionamiento era prototípico en niños con cuidadores disponibles, pero de manera imprevisible y ocasional o controladora y no sensible a sus necesidades. De esta manera, aprenden, inconscientemente, a “hiperactivar” la conducta de apego, temiendo, constantemente, la imprevisible separación y haciendo lo posible para que no ocurra.
. Apego evitativo en la infancia
Los niños con apego evitativo se caracterizan por una incesante exploración del entorno junto a una cierta indiferencia y evitación activa ante el regreso o presencia de sus cuidadores. Si bien hay una falta de angustia aparente a la ausencia de los cuidadores, a nivel fisiológico sí se observan alteraciones (ritmo cardíaco o niveles de cortisol elevados). Esto se ha interpretado como que, pese a la aparente indiferencia de estos niños, sí hay un sufrimiento. Lo que observamos es una estrategia de regulación que en este caso pasa por una “hipoactivación” del apego: estos niños han aprendido, normalmente ante padres que inhiben la expresión emocional y rechazaban el contacto físico, a renunciar a este apego y cercanía reduciendo activamente su interés o búsqueda.
. Apego desorganizado en la infancia
La última categoría del tipo inseguro es el desorganizado, en el que predominan conductas contradictorias junto a reacciones que recuerdan a la disociación o a estados de trance. Suele darse en hogares con elevados niveles de agresividad (historias con traumas o violencia), con padres que actúan desde la ira o que, desde su propio apego desorganizado, se ven invadidos por el miedo o la disociación ante las necesidades del niño. De esta manera el lugar que, a priori, debería ser seguro se convierte en no-seguro o, incluso, amenazador, experimentado una especie de “miedo sin solución” y no pudiendo armar estrategias organizadas y consistentes de apego.
Apego en la adultez
Estos estilos de apegos observados en la infancia se mantienen con una muy elevada fiabilidad durante la adultez. La persona internaliza los modelos de relación con el otro y los reproduce en su etapa adulta. Bowlby concebía estas representaciones del yo y del otro creadas en el contexto de apego como Modelos Operativos Internos (MOI) (Bowlby, 1973). Estos MOI nos sirven para generalizar nuestro conocimiento relacional, anticipar la conducta del otro actuando en consecuencia y se expresan de manera distinta según el tipo de apego.
1. Apego seguro en la adultez
Los adultos con un apego seguro se caracterizan por una elevada apertura y flexibilidad a la experiencia. Por lo general, sostienen una visión de ellos mismos y de los demás positiva, percibiéndose a sí mismos como valiosos y merecedores de apoyo y amor y a los demás como sostenedores a quienes pueden recurrir si necesitan ayuda o con quien pueden intimar y compartir sus experiencias o dificultades. Expresan sus sentimientos con relativa facilidad, cuentan con una buena capacidad de intimar con los demás y se permiten pedir ayuda si es necesario. Pueden establecer relaciones simétricas, basadas en la confianza y el apoyo mutuo.
2. Apego inseguro en la adultez
. Apego ambivalente o ansioso en la adultez
En los adultos con un apego ambivalente/ansioso suele predominar una visión del sí mismo negativa y del otro positiva, reforzando la necesidad de tener siempre al otro presente, para que le ayude a regular su ansiedad o le aporte una validación que no consigue generar él mismo (inseguridad). En las relaciones hay una tendencia a la “hiperactivación” del apego, amplificándolo y buscando al otro, persiguiendo evitar un temido –y, según ellos, probable– abandono o rechazo. Esta dinámica muchas veces acaba, en una suerte de profecía autocumplida, conduciendo a la realización del propio temor, reforzando una posible dependencia emocional. En psicoterapia, se persigue poder ayudar a mejorar la identificación de estos patrones y modular su autorregulación emocional sin necesidad de otro, así como fomentar la capacidad de tomar sus propias decisiones teniendo en cuenta sus necesidades y deseos.
. Apego evitativo en la adultez
Los adultos con un apego evitativo han aprendido a reprimir su mundo emocional y buscan mantener o proyectar una imagen de independencia y autosuficiencia. Al retirarse del apego, hay una tendencia a distanciarse de su propia experiencia emocional y de los demás. A nivel consciente, hay una visión del sí mismo como alguien fuerte y completo y del otro como poco fiable o inadecuado. Se conjetura que este primer modelo compensa una visión inconsciente de un yo imperfecto e indefenso y de un otro que, como sus padres, reaccionará a su búsqueda de protección con rechazo y punición. De esta manera, a primera vista hay una franca dificultad en pedir ayuda y confiar en el otro –hay una desactivación del apego, planteando al otro como no necesario– y en ser percibido como alguien vulnerable. En terapia se procura ayudar al paciente a integrar las emociones, satisfacciones y deseos asociados a los vínculos íntimos, aspecto disociado por su defensa desactivadora y poder empezar a percibirse a sí mismos como vulnerables y, al mismo tiempo, poder depender de manera regulada del otro.
. El apego desorganizado en la adultez
Finalmente, las personas con un estilo de apego desorganizado vienen marcadas por la experiencia de que un lugar presumiblemente seguro hay sido vivido, simultáneamente, como amenazador (muchas veces fruto de experiencias traumáticas). De aquí que el mundo se perciba como un entorno hostil, en el que se sienten amenazados. Suele haber dificultades en la regulación emocional, recurriendo a estrategias impulsivas o descontroladas de regulación donde predomina la disociación. También prevalece una elevada contradicción en la vivencia interna de ellos mismos y del otro, predominando la construcción de relaciones caóticas, extremas y turbulentas. Suelen convivir de manera escindida un elevado miedo al abandono junto a dificultades en la intimidad y la confianza. En psicoterapia, será fundamental la creación de un vínculo seguro en el que poder “revisitar” estas experiencias y con la intención de procurar la integración de aquellos elementos escindidos. La introducción de herramientas de regulación emocional puede ser muy importante a la hora de poder adoptar nuevas maneras de regularse más adaptativas para después poder seguir un trabajo reflexivo.
Implicaciones en terapia según el estilo de apego
Los estudios demuestran que los estilos de apego no deben ser entendidos como clasificaciones rígidas, sino como tendencias de la persona. Además, es bien sabido que el estilo de apego es estable a lo largo de la vida, pero no es inmutable. En este sentido, el proceso psicoterapéutico y la propia relación terapéutica son recursos muy útiles.
Se persigue establecer un espacio seguro en el que poder explorar los MOI inconscientes, entender su función adaptativa en la infancia y examinar cómo afectan a la persona en su vida adulta para poder virar hacia modelos que conlleven un menor sufrimiento emocional y mejor funcionamiento interpersonal.
Es esperable que, en la relación terapéutica, se reproduzcan estos modelos en función del estilo de apego del paciente. De esta manera, el vínculo terapéutico se convierte en una oportunidad para explorar en el aquí y ahora, de manera conjunta, las emociones y cogniciones asociadas a la manera automática de vincularse, dando espacio a experimentarlas e identificarlas, pero explorando también otras maneras de relacionarse y regularse.
De ese modo, puede tener lugar lo que se denomina una “experiencia emocional correctiva” en la que el paciente puede arriesgarse a experimentar en el presente y en el contexto de una base segura (la relación terapéutica) malestares evitados o no procesados en el pasado y propiciar nuevas formas de vinculación afectiva.
Bibliografía
- Ainsworth, M. D., Blehar, M., Waters, E., & Wall, S. (1978). Patterns of attachment. A psychological study of the Strange Situation. Classic edition published 2015 by Psychology Press. New York & London: Routledge.
- Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss: Attachment; John Bowlby. Basic books.
- Bowlby, J. (1973). Attachment and loss: Volume II: Separation, anxiety and anger. In Attachment and loss: Volume II: Separation, anxiety and anger (pp. 1-429). London: The Hogarth press and the institute of psycho-analysis.
- Main, M. (1990). Cross-cultural studies of attachment organization: Recent studies, changing methodologies, and the concept of conditional strategies. Human development, 33(1), 48-61.








