La identificación de las emociones requiere no sólo la habilidad de observar nuestras respuestas, sino también describir detalladamente el contexto en el que aparecen. No existen emociones buenas o malas, pero sí más o menos agradables. Cuando las emociones se intensifican, en ocasiones podemos notar malestar y notar que las reacciones que se desencadena están fuera de control. Para conseguir gobernarlas, debemos aprender primero a observarlas y nombrarlas, lo que nos permitirá no estar a su merced y poder distanciarnos de ellas, de algún modo. De esta forma, es más fácil pensar estrategias alternativas de respuesta. Para ello, es crucial reconocerlas como parte nuestra y no como algo que sucede fuera de nosotros, aunque las haya provocado un estímulo exterior.



