“Recordamos el pasado no solo mediante palabras, imágenes e historias, sino también a través de hábitos crónicos de tensión, de movimiento y de postura”.
Reseña del libro de Pat Ogden y Janina Fisher (2016). Psicoterapia Sensoriomotriz. Intervenciones para el trauma y el apego. Bilbao, España: Desclée de Brouwer.
La psicoterapia sensoriomotriz es una forma de terapia que se fundamenta en la interconexión entre cuerpo y mente a la hora de abordar y sanar traumas emocionales y psicológicos. Combina la psicoterapia tradicional con enfoques somáticos, centrándose en las sensaciones físicas, los movimientos corporales y las respuestas fisiológicas del ser humano. En realidad, progresivamente las terapias mentales han ido incorporando el nuevo paradigma del ser humano como una mente incorporada inmersa en un contexto sensorial y no sensorial con el que mantiene una compleja relación bidireccional.
De acuerdo con el modelo de la psicoterapia sensoriomotriz, los traumas y las experiencias dolorosas pueden quedar “marcados” en el cuerpo, manifestándose a través de síntomas físicos, emocionales, conductuales y cognitivos. Al centrar la atención en las sensaciones corporales y en los patrones automáticos de movimiento, se puede accede a recuerdos y emociones “almacenados” en el cuerpo, permitiendo al individuo procesar y trabajar tanto experiencias de trauma simple como las relacionadas con traumas complejos.
A través de recursos o técnicas de mindfulness, respiración consciente y movimientos corporales guiados, se trabaja para conseguir que el paciente adquiera herramientas que le permitan regular sus respuestas automáticas al malestar. Estas herramientas, junto con la alianza terapéutica, favorecen crear un espacio de seguridad donde la persona puede ir elaborando de otra forma sus experiencias de vida y los patrones que estas han ido instaurando de manera, a menudo, inconsciente. El terapeuta colabora con el paciente dando apoyo, validando y explorando las experiencias del pasado y del presente para comprender y reparar el malestar emocional provocado y las respuestas que ha elicitado y que pueden perpetuar dicho malestar en el tiempo. Es decir, acompaña al paciente en el aprendizaje de la escucha de las sensaciones corporales.
No es lo mismo estudiar y describir un pensamiento (“siempre estaré sola, nadie me va a querer, soy un fraude, tengo la culpa”), que una emoción (“estoy triste, tengo pánico, estoy ansiosa”), que una sensación corporal (“mis manos están apretadas, el aire entra con dificultad, la postura se encorva”). Trabajando desde la sensación, la persona puede ir conectado con su cuerpo e ir aflojando patrones de acción que le permiten regularse en el presente, a la vez que libera tensiones procedimentales aprendidas. En este sentido, el trabajo de discriminar es muy importante en este enfoque. En la terapia se procura que la persona puede entrar en un estado más neutral desde el que pueda enfrentarse a sus emociones sin desbordarse.
En resumen, incorporar abordajes terapéuticos como la psicoterapia sensoriomotriz favorece que los pacientes aprendan a conecta con la capacidad de la neurocepción y regulación de los afectos, desarrollando mayor conciencia de sus sensaciones físicas y emocionales y de sus patrones aprendidos, muchos de los cuales perpetúan su malestar. Todo ello, favorece que se relacionen con lo que los sucede de manera más consciente, lo que les ayudará a vivir y a relacionarse mejor con lo que les rodea.








